domingo, septiembre 16, 2012
Ya supongo que se trata de una sensación de vacío somática, porque los libros me hablaron desde los diez años de pasiones turbulentas, y sentimientos tan desgarradores que te llevaban de viaje al limbo por una cuchilla. He intentado que mi corazón fuese un bólido brillante dejando su huella por carreteras salvajes.
En ningún caso ha funcionado lo suficiente, a lo mejor confundí las migas de mi bolsillo con polvo de hada, pero los estremecimientos sólo surtían efecto con las piernas abiertas. Durante ese tiempo de vacilaciones entre el yo íntimo y el universo inerte, resumí que el fallo estaba en mis circuitos.
Es falso, la publicidad referida al AMOR es engañosa, si fuese una crema que prometiese deshacerse de los comezones y provocase picor aun mayor ya habríamos denunciado a la compañía fabricante. Pero son asuntos abstractos y no hay contratos.
No estoy sentimentalmente muerta, de éso me di cuenta al ver el modo en que una emoción concreta sí que era capaz de vomitarme de dentro a fuera sin compasión. Estamos equivocados por la experiencia externa, la rabia es la mayor de todas las fuerzas. La rabia, la ira son verdaderamente capaces de transmutar tu alma en una explosión bestial. No me hablen más de Romeos y Julietas, porque el placer de un puñetazo habría sumado todos esos desvelos de ventrículo y los habría dejado a la altura de las alimañas. Que no me digan que la tristeza de despecho quita el sueño cuando los rugidos de puro odio reconcentrado te llevan por ríos de candentes pulsaciones hasta que no te queda otra que claudicar con instintos primarios.
martes, mayo 29, 2012
Echar de menos los vuelcos y el dolor de corazón ante numerosos deslices estúpidos. Rememorar la tinta de alcohol en las noches en que las farolas también se apuntan a fumarse un cigarrillo. Sabe bien la negligencia, la falta de cuidado al danzar por pedregales de blues, los orgasmos sin llamar ni prometer cielos envejecidos. Quiero exprimirme en manos de la casualidad, y tengo preparado el fregadero por si mi zumo resulta ser demasiado ácido. Los chalecos salvavidas oprimen el tórax, sabe mejor un tragantón de agua que la certeza de unas piernas cruzadas sobre la misma silla de un retrato polvoriento. A veces ni siquiera volar es suficiente, hay que adentrarse en la corteza turbulenta de la vida y extraer todo lo que conlleve. Me han abierto en canal y ahora vomito el terror sin preguntarme a qué hora pasará el último autobús, o si habrá alguien esperándome con cientos de raíces tras de sí. Las historias emotivas usualmente son sólo etiquetas en el cerebro.
lunes, mayo 28, 2012
Siendo tempestad de cucharadas de piel dulce y jugosa, tus cuerdas vocales son incapaces de pronunciar mis sílabas sin estallar en trozos inencontrables. Ni me encuentro, ni podemos recrear el viento alzando faldas y derribando fortalezas. Es un juego de ojos cubiertos y una pegajosa culpa que sabe mejor que cualquier retoño de dulce al sol del azúcar. Cuando me encuentres, mis vísceras se pondrán a rodar hasta caer en fango de fosas tectónicas, calientes y salvajes. El peligro nos absuelve de las curvas que tomamos sin darle cuerda a los hemisferios, deshaciéndonos en partículas inefables. Todavía huelo el cielo en mis esquinas, y es que esa gloria dañada se mantiene medio adormilada en cuanto asimilo tu toxina. Aunque sea a pata coja y esquivando bultos secos gritando a mi pecho. Detrás de la apatía se levanta una temeridad, y lleva guadaña, zapatos de tacón alto y lo vergonzoso al descubierto. Nos hemos dejado la noción de lo suficiente al fondo de un bolsillo que no sonará al violarlo el aire. Mis remordimientos van al contenedor, y tu piel a tragarse la mía.
miércoles, diciembre 21, 2011
Créeme, lo que te dicen las putas con la mirada no lo consigue nadie. Si un pintor me pidiese consejo para encontrar inspiración, le recomendaría  que se dejase caer por el bulevar del placer y contemplase esos cuerpos dejados de la mano de cualquier divinidad bambolearse con espasmos libidinosos artificialmente adquiridos. Ves la rejilla de sus medias asfixiar los muslos de niñas que un día quisieron ser médicos, modelos, cantantes. El oscuro arrebato que se esconde entre el descaro con el que silban deseos prohibidos a los coches de los hombres tristes. Lo sinuoso de los pechos truncados es mucho más dramático que una golondrina congelándose bajo una montaña de nieve.
Y luego están los ojos, nadie contempla más allá de su coño solícito tras una cartera generosa, y si te atreves a saltar al vacío y lanzar una moneda al destino para olvidar que tu entrepierna está deseando consumar te darás cuenta de que el lado oscuro de la vida puede devorar tus pensamientos. El agujero infinito de las pupilas rabiosas es como una puñalada en el nervio del meñique, donde duele como holocaustos enredados. No le preguntes a una puta cómo se siente, no hagas que te hable de las alcantarillas que desearían besar los pies destrozados por el futuro incierto, no la invites a un café y nada más. Mírala, profundo y con magnetismo, como si de verdad te importase inmolarte al fondo de ese color de guerrilla y más allá de la ropa flúor. En sus ojos estalla la historia más triste del universo, pero ellas se encargan de mantenerlo bien escondido.
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