domingo, agosto 15, 2010
No quedan invitados en el baile, no se le ha perdido ningún zapato de tacón y cristal.
Del mismo modo ningún príncipe adinerado va a buscarla desesperadamente para librarla de cualquier perverso encantamiento, salvarla de las garras de todo tipo de criatura mítica o besarla en el preciso punto de su anatomía que la haga despertar de un coma inducido. Nadie la bendeció justo tras su esperado nacimiento, porque el suyo fue como ver llegar una tragedia anunciada. No lleva vestido, y su pelo está lejos de rebasar media espalda en longitud.
Aun así, sobria después de dos años de delirios narcóticos y por lo tanto consciente de su posición de mierda en el orden místico del universo, ha dado cuerda al gramófono del irlandés borracho y ha empezado a dar vueltas sobre sí misma.
Ahí tenemos a una de esas niñas perdidas de sangre vulgar bailando entre escombros, inmundicia y jeringuillas de heroína. Amparada por las pintarrajeadas paredes del sanatorio abandonado donde los tuberculosos distinguidos decidían acabar con su vida.

1 pildoras alucinógenas:

enrojecerse dijo...

cuentos que nunca nos contaron y que ahora leo de tu blog, y de veras, me encantan.

te sigo a partir de hoy:)

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